El sufrimiento no se vuelve bueno por sí mismo, pero con Cristo deja de ser un lugar donde estás solo.
A veces se piensa que un cristiano tiene que llamar «bendición» a cualquier dificultad nada más llegar. Eso puede llevar a negar el daño, a saltarse el duelo o a no buscar una salida cuando la hay.
Llevar la cruz con Cristo empieza por contarle las cosas como son. Luego ves qué ayuda necesitas, qué mal puedes combatir y qué parte, la que no se puede evitar, puedes atravesar unido a Él.
Su compañía no garantiza sentirte bien siempre. Pero te da compañía dentro del dolor, y la posibilidad de convertirlo en paciencia, en oración por otros o en cercanía con quien sufre. La cruz sigue pesando, pero ya no decide sola el camino, que lleva a la resurrección.
Idea clave
Con Cristo, el sufrimiento se afronta con verdad: se combate lo que se puede y se ofrece lo que no.
Tu reto para esta idea
Si hoy te pesa algo, pide ayuda para lo que se pueda arreglar y ofrécele a Dios lo que no.