No es cosa de solteros: es no usar nunca a quien amas.
Solemos pensar la castidad como algo de solteros o de curas: aguantar hasta que llegue el momento. Pero también los casados están llamados a vivirla. En el matrimonio, castidad significa querer al otro como persona entera, sin reducirlo nunca a un objeto para tu placer.
No es frialdad ni menos amor; es lo contrario. Es cuidar que el cariño físico sea siempre expresión de una entrega verdadera, no un desahogo que usa al de al lado. El amor de los esposos se demuestra también en el respeto, la ternura y el dominio de uno mismo, no solo en la atracción.
Vivirla así protege la relación de una trampa sutil: dar por hecho al otro, tratarlo con menos delicadeza «porque ya es mío». La castidad de los casados mantiene vivo el «te elijo», también dentro de casa.
Idea clave
También en el matrimonio, amar es no usar nunca al otro, sino quererlo entero.
Tu reto para esta idea
Ten hoy con tu pareja un gesto de cariño gratuito, que busque su bien y no solo tu agrado.