Antes de preguntarte cuánto harás por Cristo, mira todo lo que Él desea realizar en ti.
Puedes vivir la fe como una lista de prestaciones: rezar, servir, cumplir y demostrar fidelidad. Sin darte cuenta, la amistad se convierte en proyecto personal del que tú llevas el control.
Jesús llama amigos a quienes primero han sido buscados, enseñados y amados. Dejarle hacer significa recibir su palabra, su perdón y su compañía sin apresurarte a pagar. El don precede a la respuesta.
Esta receptividad no produce pasividad. Quien se sabe querido encuentra motivos nuevos para actuar, pero ya no trabaja para comprar cercanía. La oración puede comenzar exponiendo la vida tal como está y permitiendo que Cristo tome la iniciativa. Un amigo no es solo alguien para quien haces cosas; es alguien cuya presencia aceptas que te transforme.
Idea clave
La amistad con Cristo nace de recibir su iniciativa amorosa antes de convertir la fe en una serie de tareas ofrecidas para merecerla.
Tu reto para esta idea
Dedica diez minutos a la oración sin presentar logros ni promesas: cuéntale a Jesús cómo estás y recibe en silencio su cercanía.