No aparece sola: necesita tiempo.
Puedes saber muchas cosas sobre Jesús y, sin embargo, tratarle poco. La amistad empieza cuando dejas de hablar solo de Él y aprendes a hablar con Él: con confianza, con escucha y con una presencia frecuente.
Cristo no queda lejos de tu vida normal. Trabajó, rezó, sufrió, tuvo amigos y lloró. Puedes encontrarle en el Evangelio, en la Eucaristía, en la oración y también en las personas y deberes que llenan tu día.
No hace falta comenzar con propósitos enormes. Es mejor abrir un espacio fiel y concreto. Una amistad viva se construye volviendo: cuando tienes ganas y cuando no, cuando todo va bien y cuando necesitas pedir perdón y recomenzar.
Idea clave
Sin tiempo, no hay amistad profunda con Cristo.
Tu reto para esta idea
Dedica hoy 10 minutos a estar con Él. Sin prisas y sin llenar el silencio enseguida.