Dios entró en la vida de cada día, no solo en los momentos solemnes.
Jesucristo no vivió solo escenas extraordinarias. Nació, creció, trabajó, rezó, tuvo amigos, sufrió y lloró. Su humanidad ilumina la nuestra desde dentro.
Por eso lo cotidiano no queda fuera de la fe. Tu trabajo, cansancio, familia y conversaciones pueden ser lugar de encuentro con Cristo, si los vives unido a Él.
Idea clave
La vida de cada día puede unirse a Cristo porque Él también la vivió.
Tu reto para esta idea
Ofrece hoy una tarea normal a Jesús antes de empezarla.