No tienes que cruzar tus tormentas solo.
Hay tormentas que llegan sin pedir permiso: miedo, exámenes, problemas familiares, incertidumbre, culpa o cansancio. Entonces uno intenta remar con todas sus fuerzas.
Invitar a Jesús a la barca no significa que desaparezca todo viento. Significa dejar de vivir como si la última palabra la tuviera el miedo.
La oración en medio de la tormenta puede ser sencilla: Señor, quédate conmigo, enséñame el siguiente paso y dame paz para no hundirme por dentro.
Idea clave
La presencia de Cristo da confianza en medio del miedo.
Tu reto para esta idea
Antes de una dificultad de hoy, di despacio: Jesús, ven conmigo en esta barca.