Ningún apóstol habría pasado tu proceso de selección.
Repasa la lista: varios pescadores, un recaudador de impuestos mal visto por todos, un exaltado de la política, ninguno con estudios brillantes. Uno le negó tres veces, otro dudaba de todo, y casi todos huyeron la noche en que más falta hacían. Ese fue el equipo fundacional de la Iglesia.
Jesús no fichó un equipo de estrellas, y no fue por falta de candidatos. Eligió gente corriente y se dedicó a quererla, formarla y aguantarla. Con esos doce, el Evangelio llegó hasta ti veinte siglos después. El método no ha cambiado.
La conclusión es incómoda y liberadora a la vez: "no doy la talla" no es una excusa válida, porque ninguno la daba. Cristo no elige a los capacitados: capacita a los que elige.
Idea clave
Cristo no elige a los perfectos: transforma a los que elige.
Tu reto para esta idea
Deja de esperar a "estar preparado" para eso bueno que llevas aplazando: los apóstoles tampoco lo estaban.