El Evangelio no recoge ni una sola frase de san José. Solo lo que hizo.
De san José no conocemos ninguna palabra. Los evangelios cuentan lo que hacía: acogió a María, llevó a su familia a Belén y después a Egipto, volvió a Nazaret y trabajó durante años en su taller. Varias veces se levantó de noche para hacer lo que Dios le pedía. Jesús aprendió de él un oficio y una manera de vivir.
Casi todas las casas, empresas y grupos tienen a alguien así. No es el que más habla ni el que sale en las fotos, pero sin él todo se vendría abajo: el que abre, el que arregla, el que se acuerda, el que está.
La vida de José recuerda que la santidad no necesita discursos. Se construye con fidelidad en lo que toca cada día, aunque nadie lo comente.
Idea clave
La fidelidad callada de cada día sostiene más de lo que parece.
Tu reto para esta idea
Dale hoy las gracias a alguien que sostiene algo sin que nadie lo note.