No pides que Dios haga lo que quiera; pides poder querer lo bueno.
«Hágase tu voluntad» suena a veces a resignación: que pase lo que tenga que pasar. Pero no significa eso. No le pedimos a Dios permiso para desentendernos, sino que Él nos haga capaces de querer y hacer lo que de verdad vale.
Es una petición activa, no pasiva. Pones tu libertad del lado del bien: «ayúdame a elegir lo que Tú eliges». No te encoges: te alineas con algo más grande que tus planes del momento. Por eso da paz sin quitarte iniciativa: rendirse es soltar el timón; esto es dárselo a Alguien que sabe navegar.
Idea clave
Pedir que se haga su voluntad es querer el bien con Dios, no resignarte.
Tu reto para esta idea
Ante una decisión de hoy, pregúntate qué querría Dios en ella y da un paso en esa dirección.