La oración también puede empezar con una herida abierta.
Hay momentos en los que no salen frases bonitas. Solo hay rabia, miedo, cansancio o una pregunta que pesa demasiado. Eso también puede entrar en la oración.
Dios no se asusta de tu dolor. Los salmos están llenos de gritos, súplicas y lágrimas. Rezar no siempre es entender; a veces es no romper el hilo con Dios en medio de la noche.
Hablarle desde la herida puede ser el primer paso para no quedar encerrado en ella.
Idea clave
Puedes llevar a Dios el dolor sin maquillarlo.
Tu reto para esta idea
Hoy dile a Dios con tus palabras una cosa que te duele, sin intentar sonar perfecto.