Puedes servir mucho y, aun así, tener criterio, planes y límites.
A veces se confunde estar disponible con decir que sí a cualquier petición, cambiar de planes ante cualquier opinión o esperar señales para decisiones que ya te toca tomar a ti. Parece generosidad, pero puede ser miedo a decepcionar.
Estar disponible para Dios no es quedarte sin personalidad. Tienes deseos, talentos y responsabilidades, y los ofreces para que Dios los oriente, no para que desaparezcan. Por eso hace falta distinguir qué petición nace del amor y cuál nace de la presión, del miedo o del desorden de otros.
Disponibilidad no es falta de criterio. Puedes servir y poner límites, cambiar de camino y mantener una decisión. La docilidad de verdad no te vuelve blando: te deja responder entero al bien que ves.
Idea clave
Estar disponible para Dios es ofrecerle quién eres, no decir sí a todo el que te lo pida.
Tu reto para esta idea
Antes de aceptar hoy una petición, pregúntate si tu sí nace de la libertad o del miedo a decepcionar.