La neutralidad no debería convertirse en expulsar la fe.
Una cosa es que el Estado no imponga una religión, y otra distinta es que trate la fe como algo vergonzoso que debe desaparecer de la vida pública.
La religión también forma parte de la vida real de las personas. Una sociedad libre permite que los creyentes aporten razones, obras y convicciones, respetando a quienes no creen.
Idea clave
La vida pública puede respetar la libertad religiosa sin imponer la fe.
Tu reto para esta idea
Piensa cómo puedes hablar de tu fe con respeto, sin esconderla ni imponerla.