No todo daño se ve desde fuera.
A veces decimos “no hago daño a nadie” porque solo miramos consecuencias visibles. Pero el pecado también daña el alma, enfría el amor a Dios y deforma la voluntad.
Además, hay ofensas que no necesitan público para ser reales. Una mentira, una impureza, un desprecio interior o una omisión pueden no salir en una estadística, pero sí cambian el corazón.
Idea clave
El pecado daña incluso cuando el daño no se nota enseguida.
Tu reto para esta idea
Examina una acción que sueles justificar con “no es para tanto”.