¿No es interesado portarse bien para ganarse el cielo?
Suena lógico: si haces el bien por un premio, parece egoísmo disfrazado. Y si ese premio es el cielo, ¿no estás siendo un poco calculador? La pregunta tiene trampa, pero también una respuesta bonita.
El cielo no es un premio como un coche o un viaje. Es estar con Dios y con los que amas, para siempre y sin sombras. Desear eso no es egoísmo: es desear el Amor. Y no es un cielo «solo para mí»: la esperanza cristiana es que lleguemos todos, y eso empuja a llevar a otros, no a encerrarte.
Querer el cielo, bien entendido, no te vuelve calculador: te da razones para amar mejor aquí. Quien de verdad espera esa vida no vive pendiente de puntuar, sino de querer, porque ha entendido de qué va el premio.
Idea clave
Desear el cielo no es egoísmo: es desear el Amor pleno, y para todos, no solo para ti.
Tu reto para esta idea
Hoy, al hacer algo bueno, hazlo por amor y no por «puntuar»; y desea de verdad que también otros lleguen.