Caer no impide volver a caminar.
A veces piensas que ser cristiano consiste en no fallar nunca. Entonces cada caída se convierte en vergüenza, desánimo o ganas de esconderse de Dios.
Pero la vida cristiana incluye arrepentirse, levantarse y volver a intentarlo. No como excusa para vivir igual, sino como confianza en una misericordia que te toma en serio.
Volver a empezar no es borrar el esfuerzo. Es dejar que Dios tenga la última palabra sobre tu caída.
Idea clave
La conversión se vive recomenzando con humildad y confianza.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un pequeño acto de vuelta: confesarte, rezar, pedir perdón o retomar un hábito bueno.