Disciplina
El silencio te devuelve los ojos
Cuando todo hace ruido, hasta lo bello cuesta verlo.
El ruido constante no solo cansa los oídos. También vuelve superficial la mirada. Si cada espera se llena con una pantalla, apenas queda espacio para pensar, rezar o dejar que algo te alcance.
El silencio no siempre resulta cómodo al principio. Puede mostrar cansancio, inquietud o cosas pendientes. Pero también abre una zona de libertad donde ya no necesitas reaccionar a cada estímulo.
Para contemplar hace falta un poco de vacío. No un vacío triste, sino un espacio disponible. Ahí la realidad vuelve a tener peso y Dios puede hablar sin competir con tantas voces.
Idea clave
El silencio abre espacio para mirar, pensar y escuchar a Dios.
Tu reto para esta idea
Regala hoy diez minutos de silencio real, sin música, pantalla ni multitarea.
BASADO EN
Templanza →