San Nicolás dejaba el dinero por la ventana, de noche, para que nadie supiera quién ayudaba.
Nicolás, que después fue obispo de Myra, supo que un vecino arruinado estaba dispuesto a empujar a sus tres hijas a ganar de forma indigna el dinero que necesitaban para casarse. Una noche metió en una bolsa el dinero necesario y la tiró por una ventana de la casa. Lo repitió con la segunda hija y con la tercera. La tercera vez, el vecino le descubrió.
De esa historia viene la costumbre de los regalos que aparecen en zapatos o calcetines, y la figura que hoy llamamos Santa Claus o Papá Noel.
Lo más bonito del origen es lo que suele olvidarse: Nicolás ayudaba sin firmar. No buscaba agradecimiento ni fama; solo que aquellas chicas estuvieran bien. En unas fechas llenas de regalos se puede recuperar ese estilo: dar algo sin que se sepa quién lo da.
Idea clave
El mejor regalo a veces es el que nadie sabe de quién viene.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un regalo o un favor anónimo a alguien que lo necesite.