Si su nombre solo te sale como taco, algo se ha gastado por dentro.
«Dios» se ha vuelto un relleno: sale como taco, como exclamación, como coletilla vacía. No es lo más grave del mundo, pero dice algo. Cuando el nombre de alguien a quien quieres se te gasta en muletillas, es señal de que ha dejado de significarte gran cosa.
Cuidar cómo nombras a Dios —y también lo sagrado, o el nombre de los demás— no es mojigatería: es coherencia. Las palabras educan por dentro. Tratar su nombre con respeto ayuda a no perder de vista quién es Él y quién eres tú.
Idea clave
Cómo nombras a Dios revela cuánto significa de verdad para ti.
Tu reto para esta idea
Fíjate hoy si su nombre te sale como taco o coletilla, y cámbialo por silencio o por una palabra que sí signifique algo.