Quien necesita acertar siempre termina eligiendo demasiado poco.
Toda decisión importante tiene algo de incertidumbre: qué estudiar, a qué trabajo decir que sí, si dar un paso en una relación. Si necesitas estar seguro de acertar, buscarás garantías que no existen, lo irás aplazando o dejarás que decidan otros para no cargar con la culpa.
Pero no decidir también es decidir, y casi siempre por lo más pequeño. La prudencia no consiste en esperar a que desaparezca el riesgo, sino en informarte, pedir consejo y decidir cuando hay luz suficiente.
Ayuda mucho recordar que tu valor no depende de acertar. Si te equivocas, podrás rectificar. Esa tranquilidad es la que te deja emprender, aprender y arriesgar lo razonable.
Idea clave
Esperar a estar seguro del todo es otra forma de equivocarse.
Tu reto para esta idea
Elige una decisión pequeña que retrasas por miedo a equivocarte, ponte un límite para informarte y tómala hoy.