Una buena razón no convierte en bueno lo que haces.
Es fácil colar cualquier cosa detrás de una buena intención. «Lo hice por la familia», «era por su bien», «total, para lo que iba a pasar». La intención cuenta, pero no lo arregla todo.
Una acción se sostiene sobre tres cosas: lo que haces, por qué lo haces y cómo lo haces. Si mientes, aunque sea por un motivo noble, sigue siendo mentira. El buen deseo no borra el daño de un mal medio.
Esto no es rigidez, es coherencia. Cuando cuidas también los medios, tu vida deja de ir a trozos: lo que quieres y lo que haces empiezan a apuntar en la misma dirección. Y eso da una paz que ningún atajo te da.
Idea clave
Un buen fin no vuelve bueno un mal camino.
Tu reto para esta idea
Piensa en algo que estés justificando «por una buena razón». Pregúntate si el medio aguanta la luz.