La noche antes de morir, Dios se puso a lavar pies. Incluso los de su traidor.
En la Última Cena pasó algo que descoloca: Jesús, sabiendo quién era, se levantó, se ató una toalla y se puso a lavar los pies sucios de sus discípulos. Un trabajo de esclavos. Y lo hizo también con Judas, el que iba a traicionarle esa misma noche.
Con ese gesto dijo, sin palabras, cómo es Dios y cómo quiere que seamos: no el que se hace servir, sino el que sirve. Mandar, para Él, es agacharse a lavar los pies del otro, no sentarse a que le sirvan.
Es un espejo incómodo. ¿A quién te cuesta «lavar los pies»? ¿Al que te cae mal, al que te falló, al que está por debajo? Ahí, justo ahí, se mide si has entendido lo que Jesús hizo esa noche.
Idea clave
Jesús mostró que la grandeza es servir: se arrodilló a lavar los pies, incluso los de Judas.
Tu reto para esta idea
Haz hoy un servicio humilde y callado por alguien, sobre todo si es alguien que te cuesta.