Enseñar biología no es enseñar a amar.
Se llama «educación sexual» a dar datos: cómo funciona el cuerpo, cómo evitar riesgos. Está bien saberlo, pero se queda muy corto. Lo que de verdad forma es educar el afecto: ayudar a entender qué está en juego cuando quieres a alguien, qué es el respeto, el pudor, la entrega, el don de sí.
Sin eso, la sexualidad se banaliza: se vive como consumo, sin persona detrás. Con eso, se abre a lo que de verdad busca el corazón: amar y ser amado de forma fiel y verdadera.
Vale para educar a los hijos y para revisarte a ti mismo. No basta con «saber»; hace falta aprender a querer bien. Y eso se enseña sobre todo con el ejemplo.
Idea clave
Educar en el amor es formar el corazón y los valores, no solo dar información.
Tu reto para esta idea
Si tienes hijos o gente joven cerca, habla hoy con alguno no de «datos», sino de qué significa querer bien a otra persona.