Dios te ama como eres, pero no te deja encerrado ahí.
A veces confundes ser amado con no tener que cambiar nada. Pero el amor verdadero no humilla ni se conforma con verte atrapado en lo que te hace daño.
Dios no te mira con desprecio. Te mira con esperanza. Sabe lo que eres, lo que puedes llegar a ser y las heridas que necesitan paciencia.
Cambiar desde ese amor es muy distinto a cambiar por miedo. No se trata de ganarte a Dios, sino de dejar que su gracia te haga más libre.
Idea clave
El amor de Dios acoge y transforma al mismo tiempo.
Tu reto para esta idea
Elige hoy un defecto concreto y pídele a Dios ayuda para trabajar un paso pequeño.