No basta hablar de Dios: hay que hablar con Él.
Se puede conocer algo de Dios mirando la creación y estudiando la fe. Pero la oración abre un conocimiento distinto: el trato personal con quien escucha, corrige y mantiene en pie.
Nadie conoce a un amigo solo leyendo datos sobre él. Con Dios pasa algo parecido, aunque de modo más profundo. La fe crece cuando el pensamiento se eleva y conversa.
Idea clave
La oración convierte el conocimiento de Dios en relación viva.
Tu reto para esta idea
Dedica cinco minutos a hablar con Dios con tus propias palabras.