¿Le hace falta a Dios tu misa, tu rezo, tu «gracias»? No. Te hacen falta a ti.
A veces se imagina a Dios como alguien que reclama culto, como si necesitara aplausos para estar contento. No es así. Dios no gana nada con que le reces; no le falta nada. Entonces, ¿para qué rezar, dar gracias, ir a Misa?
Porque te ordena a ti. Reconocer que hay Alguien más grande, agradecer lo que tienes, pedir ayuda: eso no cambia a Dios, te cambia a ti. Te baja los humos, te llena de gratitud, te recuerda quién eres. El culto no cubre una necesidad suya, sino que cura una tuya.
Es como dar las gracias a quien te quiere: no lo haces porque lo necesite, sino porque negarlo te volvería peor. Rezar es de las pocas cosas que te hacen bien precisamente porque no las haces por interés.
Idea clave
Dios no necesita tu oración; eres tú quien la necesita para vivir en verdad y gratitud.
Tu reto para esta idea
Reza hoy un momento no para pedir nada, sino solo para dar gracias y reconocer que Dios es Dios.