Relaciones
Dignidad sin pasaporte
La frontera no cambia el valor de una persona.
El lugar donde alguien nació, el acento que tiene o los papeles que lleva no deciden su dignidad. Una persona no vale menos por cruzar una frontera ni por necesitar ayuda.
Es posible hablar de leyes, orden y prudencia sin perder el rostro humano. El problema empieza cuando una categoría tapa a la persona concreta.
La mirada cristiana reconoce primero al hijo de Dios. Desde ahí se puede buscar justicia sin dejar que el miedo endurezca el corazón.
Idea clave
La dignidad humana no depende del país, la situación o el origen.
Tu reto para esta idea
Hoy evita una etiqueta fácil sobre una persona de otra realidad y pregúntate por su historia.
BASADO EN
Dignidad humana →