Antes había que decidir para dejar la fe; hoy basta con no decidir nada.
Hubo épocas en que el ambiente te empujaba a creer casi sin querer. Ahora es al revés: la corriente de fondo empuja hacia la indiferencia. Si te dejas llevar sin más, poco a poco la fe se apaga sola, sin un gran adiós, solo por inercia.
Por eso hoy creer pide algo más activo que antes: elegirlo, cuidarlo, alimentarlo. No como quien se aferra a una costumbre, sino como quien decide no dejar que lo importante se le escurra entre los dedos.
No hace falta nadar contra todo. Basta darte cuenta de hacia dónde te lleva la corriente y decidir tú, en vez de flotar.
Idea clave
En este ambiente, la fe que no se cuida se apaga solo por dejarse llevar.
Tu reto para esta idea
Elige hoy un gesto pequeño y deliberado de fe: una oración, una lectura, un rato de silencio. Algo que no harías por inercia.