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Disciplina

Dejarte corregir es de valientes

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Cualquiera critica; hace falta temple para agradecer que te corrijan.

Es fácil ver los fallos de los demás y difícil ver los propios: nadie se ve bien a sí mismo. Por eso, que alguien que te quiere te avise de un defecto tuyo es un favor, aunque escueza. «El bueno se alegra de que le corrijan; el soberbio no lo soporta», decía un clásico. Lo natural es defenderse: dar explicaciones, poner excusas, ofenderse. Cuesta callar y escuchar. Pero tragarse el orgullo un momento y pensar «puede que tenga razón» es de las cosas más maduras que existen. Ahí se ve de qué estás hecho. No significa aceptar cualquier crítica destemplada. Pero cuando la advertencia viene de alguien que te aprecia y busca tu bien, agradécela en vez de discutirla. Quien se deja corregir crece; quien se cierra, se queda donde está.

Idea clave

Aceptar con humildad que te corrijan, sin excusas, es señal de madurez.

Tu reto para esta idea

La próxima vez que alguien te señale un fallo, no te defiendas de golpe: escucha, da las gracias y piénsalo.