«Ojalá tuviera otra vida» es la mejor forma de perderte esta.
Hay una trampa muy común: vivir en el «ojalá». Ojalá tuviera otro trabajo, más salud, más dinero, otra edad, otra familia. Mientras tanto, la vida real —la única que tienes— pasa de largo, despreciada por no parecerse a la imaginada.
San Josemaría lo llamaba «mística ojalatera»: soñar con circunstancias que no tienes en vez de vivir las que sí. Y avisaba de algo importante: Dios no está en esa vida ideal que fantaseas, sino en esta, con sus líos y sus límites. Aquí, no en otra parte.
No se trata de resignarse, sino de dejar de esperar a que todo cambie para empezar a vivir. Tu vida buena no está en otro sitio ni en otro momento: está en lo que tienes hoy delante, si decides tomarlo en serio.
Idea clave
Dios y tu vida buena están en tus circunstancias reales, no en las que imaginas.
Tu reto para esta idea
Cambia hoy un «ojalá...» por un «con esto que tengo, ¿qué puedo hacer hoy?».