La amistad con Dios también pide respuesta.
Es natural acudir a Cristo cuando necesitas consuelo, luz o ayuda. Pero una amistad madura no se limita a recibir soluciones. Poco a poco descubres que Él también espera tu amor libre y tu compañía.
Responder a Cristo no exige gestos teatrales. Puede tomar la forma de una oración fiel, un trabajo terminado con cuidado, una renuncia que te hace más libre o un servicio que vuelve más amable la vida de alguien.
Ahí aparece una unidad de vida muy concreta: tratar a Dios y cuidar tus deberes dejan de ser mundos separados. Lo que haces por amor entra en la relación con Él. Cristo no compite con tu día; quiere encontrarse contigo dentro de ese día real.
Idea clave
La amistad con Cristo es una relación de amor correspondido.
Tu reto para esta idea
Haz hoy algo por Él: una renuncia, un detalle de servicio o una oración breve.