Ves a tu amigo caminar hacia un hoyo y callas. ¿A eso lo llamas respeto?
Tu amigo la está liando —con la bebida, con esa relación, con cómo habla a su familia— y tú lo ves. Lo cómodo viene disfrazado de virtud: "yo no soy quién", "no me quiero meter", "cada uno su vida". Pero callar por no complicarte no es respeto: es dejarle solo justo donde más te necesita.
El Evangelio pide otra cosa y hasta le pone método: si tu hermano tropieza, díselo a solas, entre él y tú. A solas: no delante del grupo, no con indirectas, no comentándolo con los demás. Una vez, con cariño, sin sermón; y seguir siendo su amigo diga lo que diga.
Corregir así cuesta más que criticar y más que callar. Por eso es una de las pruebas serias de la amistad: a reírte las gracias llega cualquiera; a decirte la verdad jugándose tu enfado, solo los que te quieren.
Idea clave
Quien te corrige a solas y con cariño te quiere más que quien te lo ríe todo.
Tu reto para esta idea
Eso que llevas tiempo pensando que deberías decirle a un amigo: díselo esta semana, a solas y con afecto.