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Confiesa también lo pequeño

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La confesión no es solo para cuando la lías gorda.

Solemos pensar en la confesión como el recurso para pecados graves, y el resto lo dejamos pasar. Pero confesar también lo pequeño, con cierta frecuencia, tiene un efecto que no se ve a simple vista: te va afinando por dentro. No es repetir una rutina ni obsesionarse con cada detalle. Es dejarte curar poco a poco de esas miserias cotidianas —el mal humor, la pereza, las faltas de caridad— que, sin ser dramas, van desgastando. Con el tiempo se nota: la conciencia se hace más fina, las malas inclinaciones pierden fuerza, empiezas de nuevo con más ligereza. Lo pequeño, cuidado, cambia mucho.

Idea clave

Confesar también lo pequeño va afinando la conciencia y da fuerza para mejorar.

Tu reto para esta idea

En tu próxima confesión, no lleves solo lo gordo: nombra también una falta pequeña y habitual que quieras trabajar.

BASADO EN

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