Cuando te pasa algo bueno, la tentación es quedarte en ello. Hay otra manera.
Cuando nos pasa algo bueno, es fácil encerrarnos en ello: contarlo, disfrutarlo, hacer planes. Y no tiene nada de malo. Pero la alegría verdadera tiende a salir de uno mismo.
María, recién enterada de que iba a ser la madre de Jesús, se fue deprisa a ayudar a su prima Isabel, que esperaba un hijo ya mayor. Convirtió su alegría en servicio, sin esperar a que le sobrara el tiempo.
Un ascenso, una buena nota o simplemente un buen día también pueden ser ocasión de echar una mano. La ayuda que nace de una alegría verdadera no llega como un favor, sino como una fiesta.
Idea clave
La alegría verdadera se nota en que te mueve a ayudar.
Tu reto para esta idea
Si hoy tienes una buena noticia o un buen día, aprovéchalo para echar una mano a alguien que lo necesite.