La tecnología debe servir a tu vida, no dirigirla.
No hace falta demonizar la tecnología. Puede ayudarte a trabajar, aprender, organizarte y comunicarte. El problema aparece cuando la usas sin intención.
Usar bien algo exige criterio. Si decides cuándo, para qué y cuánto usarla, la tecnología se convierte en herramienta. Si no, termina marcando tu ritmo interior.
La tecnología sirve cuando ocupa su lugar. Cuando invade cualquier espera o silencio, conviene recuperar espacios donde la mente pueda sostener una sola cosa.
Idea clave
Usar la tecnología con propósito te devuelve libertad.
Tu reto para esta idea
Define 2 momentos concretos para usar el móvil. Evita usarlo fuera de ellos.