La autoridad no consiste en imponerse, sino en orientar hacia el bien.
Te toca coordinar un trabajo en grupo, organizar la cena de Navidad de la familia o llevar un equipo en el trabajo. Puedes hacerlo decidiéndolo todo tú y revisando cada detalle, o escuchando, repartiendo y confiando.
Mandar bien no es controlar cada detalle ni buscar obediencia ciega. Es tomar decisiones justas pensando en el bien de las personas y de la tarea. La buena autoridad escucha, corrige, anima y exige cuando hace falta. Servir no elimina la firmeza; le da sentido.
Idea clave
La autoridad bien vivida sirve al bien común.
Tu reto para esta idea
Toma hoy una decisión pensando en otros, no solo en tu comodidad.