Corregir no es atacar: es ayudar a crecer.
Tu hijo ha roto algo, un compañero ha hecho mal un trabajo, un amigo ha metido la pata. Puedes decírselo delante de todos, con ironía y levantando la voz, o a solas y con calma. Dices lo mismo, pero el resultado es muy distinto.
La corrección puede construir o herir según cómo se haga. Si humillas, quizá consigues obediencia momentánea, pero pierdes confianza. Corregir bien pide respeto, serenidad y sentido de oportunidad. La verdad ayuda más cuando se dice con caridad y con deseo real de bien.
Idea clave
Se corrige mejor desde el respeto que desde el enfado.
Tu reto para esta idea
Corrige hoy algo con calma. Sin levantar la voz y sin ridiculizar.