Empezar ilusiona, pero terminar construye.
Dejar tareas a medias parece pequeño, pero va llenando la cabeza de ruido y debilita la confianza en ti mismo. Cada promesa abandonada enseña a tu voluntad que puede escapar cuando desaparece la novedad o llega el cansancio.
La constancia no consiste en terminarlo absolutamente todo. A veces lo prudente es cambiar de camino. Pero cuando una tarea merece la pena, toca atravesar la parte menos brillante: revisar, corregir, ordenar y cerrar bien.
La vida espiritual también crece así. La santidad no suele construirse con impulsos intensos, sino con deberes pequeños cumplidos por amor. Terminar un encargo, aunque nadie lo vea, puede ser una manera muy real de servir a Dios y a otros.
Idea clave
Terminar lo empezado fortalece la confianza en ti mismo.
Tu reto para esta idea
Elige una tarea pendiente y termínala antes de empezar otra.