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Fe

Ciudadano de la tierra y del cielo

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Esperar una patria definitiva no te autoriza a desentenderte de la ciudad que ahora compartes.

La fe te recuerda que ningún partido, ningún éxito y ninguna comodidad te van a dar la felicidad completa. Esa distancia es sana: te protege de convertir una causa política en tu religión. Pero esperar el cielo no vuelve indiferente lo que pasa aquí. Si estamos hechos para vivir unidos con Dios y con los demás, la justicia, el trabajo bien hecho, el cuidado de los débiles y la participación en tu barrio ya van en esa dirección. El cristiano se compromete con problemas concretos sabiendo que no construirá el paraíso con sus fuerzas. Eso le libra de dos errores: desentenderse de todo en nombre de la fe y esperar de la política la salvación. Puedes cuidar tu ciudad precisamente porque no necesitas que te salve.

Idea clave

Esperar el cielo no te saca del mundo: te da razones para cuidarlo sin esperar de él la salvación.

Tu reto para esta idea

Elige un problema concreto de tu barrio o ciudad e infórmate de una vía realista para participar, ayudar o exigir una mejora.

BASADO EN

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