Tu cargo no te da derecho a recibir a Cristo de una manera especial.
En Seefeld, un noble exigió recibir la Hostia grande reservada al celebrante. Quiso que su rango social también se notara en la Comunión.
El relato conserva una advertencia clara sobre el orgullo que se cuela incluso en lo religioso.
Ante la Eucaristía no llegas como jefe, famoso, experto ni persona importante. Llegas con las manos vacías, igual que todos. Cristo no se reparte según el prestigio ni se recibe mejor por ocupar un sitio destacado. La liturgia educa esa igualdad profunda. Te invita a dejar fuera la necesidad de privilegio y a recibir agradecido lo mismo que se ofrece al resto del pueblo de Dios.
Idea clave
La Eucaristía derriba la pretensión de ser tratado como más importante que los demás.
Tu reto para esta idea
Renuncia hoy a un privilegio pequeño y acepta con paz el mismo trato que reciben los demás.