Hay amigos que no se rinden cuando la puerta está cerrada.
Hay personas que hoy no pueden acercarse a Dios por sí mismas: están bloqueadas, desanimadas o muy lejos. Y no sirve de mucho decirles desde fuera lo que tendrían que hacer.
Lo que sí ayuda es tener amigos que se toman en serio su problema y no se rinden ante el primer obstáculo. Como aquellos cuatro del Evangelio que, al no poder entrar por la puerta, abrieron el tejado para bajar a su amigo paralítico delante de Jesús.
Quizá tu fe y tu insistencia sean lo que acerque a alguien. A veces basta un gesto: invitarle a un plan, acompañarle, rezar por él con constancia. Tú no puedes curarle, pero sí puedes llevarle.
Idea clave
Tu fe puede llevar ante Dios a un amigo que no puede llegar solo.
Tu reto para esta idea
Piensa en un amigo que lo está pasando mal y reza hoy por él con nombre y apellidos.