Aceptar ayuda no te borra de la obra; a veces es la única manera de hacerla posible.
Marthe Robin, una campesina francesa del siglo XX, pasó casi toda su vida en cama, paralizada por una enfermedad. Sin embargo, su obra no se quedó encerrada en aquella habitación: con la ayuda del padre Finet fundó unos sesenta «Foyers de Charité», casas de retiro y de formación repartidas por todo el mundo.
Su historia no obliga a idealizar el dolor ni a fingir que toda limitación es fácil. Muestra otra cosa: una misión puede ser compartida. Uno pone la visión, la escucha o la constancia; otro, la movilidad, los conocimientos o la capacidad de organizar.
La autosuficiencia puede dejar sin nacer cosas buenas que solo salen entre varios. Recibir ayuda no te convierte en una carga ni hace menos tuya tu parte. A veces la humildad más fecunda es decir con claridad qué puedes ofrecer y qué manos necesitas para sacarlo adelante.
Idea clave
Aceptar ayuda no te quita tu parte en la obra: a veces es lo que la hace posible.
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