Nadie queda fuera del respeto, la compasión y la delicadeza.
Es fácil tratar bien a quien es como tú y poner distancia con quien no encaja en tu molde. El Evangelio pide lo contrario: acoger a cada persona con respeto, compasión y delicadeza, sin excepciones ni etiquetas humillantes.
Acoger no significa aprobar todo ni renunciar a lo que crees verdadero. Significa que la dignidad del otro no depende de cuánto se parezca a ti ni de cómo viva. Primero está la persona; el juicio sobre los actos no autoriza a despreciar a nadie.
Se nota en detalles: cómo hablas de quien no está, qué tono usas con el diferente, si acompañas o excluyes. Ahí se ve si de verdad quieres como Cristo.
Idea clave
Toda persona merece acogida y respeto, sin importar cuánto se parezca a ti.
Tu reto para esta idea
Piensa en alguien al que sueles mirar por encima o dejar fuera. Ten hoy con esa persona un gesto real de respeto.