Los primeros pasos hacia Dios no tienen por qué ser públicos.
Hay quien se acerca a Dios con preguntas que no se atreve a hacer en voz alta. Entra en una iglesia cuando no hay nadie, busca cosas en internet sin decírselo a nadie, reza un poco antes de dormir sin que lo sepa su familia.
No pasa nada. Dios no exige que el primer paso sea valiente ni visible. Acepta los encuentros a media luz, las preguntas tímidas y las visitas cortas. Lo importante no es cuánta gente se entera, sino seguir yendo.
La valentía suele llegar después, casi sin darte cuenta. Un día descubres que ya no te importa tanto que lo sepan. Hasta entonces, cada paso pequeño, aunque sea a escondidas, también cuenta.
Idea clave
Dios acepta los primeros pasos tímidos; la valentía puede llegar después.
Tu reto para esta idea
Haz hoy una pregunta sobre la fe que tengas guardada: a Dios en la oración o a alguien de confianza.